Gracias a una beca gestionada con el apoyo de Escuelita Rebelde Chepuja, el joven antofagastino pudo estudiar Electromecánica en CEIM. Hoy cuenta con un contrato indefinido, se prepara para asumir nuevos desafíos laborales y sueña con continuar sus estudios en la universidad.
Cuando Mauricio Montero terminó cuarto medio, tenía 17 años y muchas ganas de seguir estudiando. Sin embargo, continuar su formación después del colegio no parecía una posibilidad cercana. Mientras buscaba una oportunidad, realizaba trabajos esporádicos y trataba de descubrir qué camino tomar.
Fue entonces cuando apareció una posibilidad que cambiaría sus planes. A través de Escuelita Rebelde Chepuja, un proyecto comunitario de Antofagasta que promueve la inclusión y continuidad educativa de niños, niñas y jóvenes en contextos de vulnerabilidad, Mauricio accedió a una beca para estudiar Electromecánica en la Escuela de Oficios Industriales de CEIM.
Un oficio
Desde pequeño, Mauricio había sentido curiosidad por la electricidad, las reparaciones y el funcionamiento de los equipos. Le interesaba descubrir qué había detrás de cada mecanismo y comprender cómo funcionaban las cosas. Sin embargo, hasta entonces, esa inquietud no había pasado de la curiosidad. Estudiar Electromecánica representaba la oportunidad de transformar ese interés en conocimientos y habilidades que le permitieran comenzar a construir su futuro laboral.
“Estaba entusiasmado por estudiar y aprender cosas nuevas, porque para mí todo esto era nuevo. En CEIM fui adquiriendo conocimientos que ahora me van a permitir llegar al trabajo con una base, entender cómo funcionan las cosas y no empezar desde cero”, recuerda.
El valor de la formación
El camino no estuvo exento de desafíos. Mientras estudiaba Electromecánica, Mauricio comenzó a trabajar en IMET, empresa que presta servicios a la minería, realizando inicialmente labores relacionadas con la construcción.
Durante varios meses tuvo que organizar sus días entre el trabajo y las clases nocturnas en CEIM. Una rutina exigente que asumió con la convicción de que el esfuerzo podía abrirle nuevas oportunidades.
Hoy Mauricio cuenta con un contrato indefinido y está finalizando su proceso formativo. Una vez que lo complete, la empresa proyecta incorporarlo al área de mecánica, donde podrá poner en práctica parte de los conocimientos adquiridos y continuar desarrollándose profesionalmente.
Pero quizás el cambio más importante no está únicamente en su situación laboral, sino en la confianza que ha ganado para imaginar nuevas posibilidades.
“Más allá del conocimiento que adquirí en CEIM, sé que todavía me falta mucho por aprender. Pero de estar abajo, subí un poco y ahora me va mejor que antes. Esto fue un aprendizaje y quiero seguir preparándome para llegar más lejos”, reconoce.
Su historia refleja cómo el acceso a una formación técnica puede convertirse en un punto de partida para jóvenes que buscan incorporarse al mundo laboral, desarrollar sus capacidades y construir nuevas oportunidades para su futuro.
“La historia de Mauricio representa lo que buscamos a través de nuestra Escuela de Oficios, que la formación sea una oportunidad para transformar proyectos de vida. No se trata solo de aprender un oficio, sino de adquirir herramientas, ganar confianza y descubrir que es posible seguir avanzando. Hoy Mauricio tiene un trabajo estable y está pensando en la universidad. Ese es el impacto que queremos generar: abrir caminos para que más jóvenes puedan construir su propio futuro”, señaló José Antonio Díaz, gerente general de CEIM.
Nuevos desafíos
Hace un tiempo, ingresar a la universidad era una idea que Mauricio veía difícil de concretar. Hoy, en cambio, ya está investigando alternativas para continuar sus estudios superiores y una de las carreras que más le interesa es Ingeniería Civil en Minas.
Sabe que todavía le queda mucho camino por recorrer, pero también que cada paso que ha dado le ha permitido acercarse a sus metas.
Detrás de ese esfuerzo hay personas que han sido fundamentales. Mauricio reconoce especialmente el apoyo de su madre, de Marcela Mercado y de quienes forman parte de Escuelita Rebelde Chepuja, que lo acompañaron durante el proceso para acceder a la beca y han seguido atentos a sus avances.
Y aunque probablemente no lo imaginaba cuando comenzó esta experiencia, su historia también está inspirando a otros jóvenes. Tras conocer su trayectoria, dos integrantes de Escuelita Rebelde Chepuja se acercaron a CEIM interesados en explorar sus propias oportunidades de formación.
CEIM
Desde CEIM, historias como la de Mauricio reafirman el compromiso de seguir generando oportunidades de formación que conecten el talento y las aspiraciones de las personas con las necesidades de la industria. Porque detrás de cada oficio aprendido hay mucho más que una competencia técnica, hay nuevas posibilidades de desarrollo, crecimiento y construcción de futuro.







































